Si no es ahora, ¿entonces cuándo?

  Muchas personas llegan a su última etapa de vida y se despiden con un   “me hubiese gustado hacer esto”, “hubiese querido lograr aquello”, como sería mi vida ahora si hubiese tomado este otro camino que nunca transité o me animé, por miedo a fracasar, al rechazo, miedo a lo que los demás piensen…

  Una de las personas que más admiro es Gary Vee, lo podés encontrar con su nombre en cualquier red social. El es un emprendedor, inversionista, autor de varios libros como también conferencista. Con su distintiva personalidad, motiva día a día a miles de personas incluyèndome.

  En unos de sus videos él decía: “cuando tenía 19 años, decidí apartarme de todo y pasar un tiempo hablando con personas mayores, como de unos 90 años de edad”. Hablando con cada una de ellas, noto que había algo en común entre todas. Se dio cuenta que todas una y otra vez mencionaban las palabras “hubiese deseado…”, “hubiese querido ser o hacer…” , esas eran las palabras con las que se despedían de este mundo, sus palabras estaban llenas de arrepentimientos, caminos no transitados, suenos incumplidos por las cuales estaban completamente arrepentidos de no haber tomado acción pese a tener todo a su favor para lograrlo.

Era demasiado tarde para hacer realidad esos sueños porque el tren de la vida ya se les había pasado y ya era imposible retroceder en el tiempo.

  Desde aquel entonces, las palabras de estas personas influenciaron a Gary Vee de tal forma que desde ese día no paro de ir en busca de sus sueños, de modo que cuando le toque irse de este mundo no se retire como estas personas”

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  Como en cada oportunidad, toca leer otro gran cuento que refleja el tema de hoy , y dice…

El inventario de las cosas perdidas

Un día lo vi distinto. Tenía la mirada enfocada en lo distante. Casi ausente. Pienso ahora que tal vez presentía que ese era el último día de su vida.

Me aproximé y le dije:

—¡Buen día, abuelo!

Y él extendió su silencio. Me senté junto a su sillón y luego de un misterioso instante, exclamó:

—¡Hoy es día de inventario, hijo!

—¿Inventario? —pregunté sorprendido.

—Sí. ¡El inventario de las cosas perdidas! —me contestó con cierta energía, y no sé si con tristeza o alegría. Y prosiguió—: Del lugar de donde yo vengo, las montañas quiebran el cielo como monstruosas presencias constantes. Siempre tuve deseos de escalar la más alta. Nunca lo hice, no tuve el tiempo ni la voluntad suficiente para sobreponerme a mi inercia existencial.

«Recuerdo también a Mara, aquella chica que amé en silencio por cuatro años, hasta que un día se marchó del pueblo sin yo saberlo. ¿Sabes algo? continúa el abuelo—, también estuve a punto de estudiar, ingeniería, pero mis padres no pudieron pagarme los estudios. Además, el trabajo en la carpintería de mi padre no me permitía viajar. ¡Tantas cosas no concluidas, tantos amores no declarados, tantas oportunidades perdidas!

Luego, su mirada se hundió aún más en el vacío y se humedecieron sus ojos. Y continuó:

—En los treinta años que estuve casado con Rita, creo que sòlo cuatro o cinco veces le dije «te amo». Luego de un breve silencio, regresó de su viaje mental y mirándome a los ojos me dijo:

—Este es mi inventario de cosas perdidas, la revisión de mi vida. A mí ya no me sirve. A ti sí. Te lo dejo como regalo para que puedas hacer tu inventario a tiempo. Y luego, con cierta alegría en el rostro, continuó con entusiasmo y casi divertido: —¿Sabes qué he descubierto en estos días?

—¿Qué, abuelo?

Aguardó unos segundos y no contestó, sólo me interrogó nuevamente:

—¿Cuál es el pecado más grave en la vida de un hombre?

La pregunta me volvió a sorprender y solo atiné a decir, con inseguridad:

—No lo había pensado. Supongo que matar a otros seres humanos, odiar al prójimo y desearles el mal total.

¿Tener malos pensamientos, tal vez?

Movió su cara de lado a lado, como reacción a mi respuesta errada. Me miró intensamente, como remarcando el moment0, y en tono grave y firme me señaló:  —El pecado más grave en la vida de un ser humano es el pecado por omisión, Y lo más doloroso es descubrir las cosas perdidas, sin tener tiempo para encontrarlas y recuperarlas.

Al día siguiente regresé temprano a casa, luego del entierro del abuelo, para realizar en forma urgente mi propio inventario de vida,…

No perdamos más tiempo…  no hagamos inventarios de cosas perdidas…

instagramimage4“Mientras quede algo por hacer, nada se habrá hecho”  

“Mientras quede algún sueño por alcanzar, ninguno se habrá hecho realidad”

  Con este artículo me gustaría que desde hoy día reflexiones y te prometas a vos mismo, a tu persona, tu futuro, tus sueños, tus ambiciones, tus futuros hijos, que no solo vas a soñar cuando apagues la luz del velador, sino que te vas a levantar cada mañana y le vas a demostrar al mundo que todo eso que soñaste está por hacerse realidad.

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